El ex cantante de Led Zeppelin cautivó al público argentino con una recorrida por los hits de los '70 y su carrera solista.
Robert Plant, el prócer del rock mundial concretó una original y mágica
noche en el Luna. Recorrió hitos e influencias desde un mirada más blusera y
folk y agregó una alta dosis de música africana, casi como parte de una
investigación antropológica.
Para la etapa latinoamericana de su gira, Plant volvió a cambiar su banda, a
la que llamó The Sensational Space Shifters y que ahora está compuesta por el
músico africano Juldeh Camara en ritti (violín africano), kologo (banjo
africano), y voces; Justin Adams en guitarra y mandolina; John Baggott en
teclados, Liam "Skin" Tyson en guitarra, Dave Smith en batería y
percusión y Billy Fuller en bajo y coros.
Plant recibió una ovación al ingresar al escenario del Luna y junto con su
banda arrancó el concierto con “Tin Pan Valley”, una canción incluida en el
disco “All the King Horses” que grabara junto al grupo Strange Sensation
-material desconocido en la
Argentina salvo para los muy fanáticos del vocalista- y que
preanunciaba de qué iba a tratar la velada.
Lo siguió en un plan más folk inglés “Another Tribe”, del disco “Mighty
Arranger”, grabado junto a Strange Sensation, que lo mostró a tono con su
impronta de trovador, de narrador de historias y cuentos fantásticos.
El primer momento fuerte de la noche fue con la interpretación en ritmo de
blues acústico de “Friends”, incluido en el disco “III” de Led Zeppelin, que
arrancó una enorme explosión de la gente.
Luego llegó el blues psicodélico de “Spoonful”, un clásico de Howlin Wolf,
que le dio paso al ingreso del gambiano Juldeh Camara con uno de sus
instrumentos de cuerdas para que la noche viajara de Nashville al este del
Africa sin paradas, mientras Plant lo acompañaba con unos suaves coros.
Con Adams y Camara a cargo de sendos instrumentos africanos, Plant arrancó
con “Somebody Knocking” en el que intercaló estrofas con cámara que cantó en su
idioma, con una voz muy prístina.
A esa altura del show, el Luna lucía subyugado por estos desmarques de
Plant, quien en algún momento del concierto dijo “toda las noches es distinto”,
ratificando su decisión de arriesgarse y seguir con su investigación
antropológica y artística.
Camara concretó un riff con su violín africano y luego le dio paso a la
banda que suavemente y en un ritmo ralentado arrancó con el clásico de
Zeppelin, “Black Dog”, que fue entonado por todo el estadio, más que satisfecho
con esta forma de abordar las canciones por parte de Plant.
“All the King horses” le bajó las pulsaciones a la noche, ya que se trata de
una hermosa balada que Plant tocó con su banda con excepción de Camara y el
baterista Smith, y en la que dejó claro que su garganta todavía puede hacer
viajar al oyente y generarle emociones.
El ánimo volvió a crecer con la interpretación de “Bron-Y-Aur-Stomp”, canción
incluida en el primer disco de Led Zeppellin, también en formato acústico y en
la que Plant fue acompañado por todo el público presente en el estadio.
Adams comenzó a arrancarle a su guitarra un riff bien influenciado por la
música árabe y Plant hizo vibrar con un lamento bien musulmán, como el de los
sacerdotes del Islam cuando llaman a rezar mirando a la Meca, al interpretar la
canción “Enchanter”.
Esta canción cruzó hasta el África de la mano de Camara, mientras Plant y
Adams golpeaban viejas panderetas y tambores africanos, y lo engancharon con
“Four Sticks”, de Led Zeppelin IV, que tuvo una larga interpretación con
intervenciones destacadas de Camara y el guitarrista Tyson en un disfrutable
duelo a pura cuerda.
“Ramble On”, de Led Zeppelin II, cuya letra está inspirada en “El señor de
los anillos” de J.R.R. Tolkien, alternó momentos de calma con explosivos riffs,
excitando a la gente que cantó el estribillo y luego ovacionó de pie a Plant.
El cierre fue con una versión country del clásico blusero “Fixin to die”, de
Booker T. Washington, que calentó la previa para la versión a dos guitarras
eléctricas y un banjo africano de “Whole Lotta Love”, el clásico de Zeppelin,
que sonó como un blues de medio tempo, enloqueciendo a la gente.
Ante un Luna Park que cantaba “Robert, Robert, oh Robert”, regresó
acompañado por una guitarra, una mandolina y unos teclados para tocar la balada
de Zeppellin “Going to California”, de manera exquisita.
La banda plena regresó para el cierre, que fue con “Rock and Roll”, pero que
por la presencias de las cuerdas africanas de Camara y los teclados de Baggott
sonó en un formato muy “new wave”, veloz y ligera.
El concierto alcanzó su cima y los espectadores saludaron satisfechos la
decisión de un magnífico artista capaz de eludir el dinero fácil para llegar a
la esencia de sus canciones desde otros caminos y así encontrarse con sus
orígenes e influencias musicales sin caer en la demagogia rockera para grandes
estadios.
FUENTE :
http://notio.com.ar